Mi amigo Jorge es un canso, un vago y un irresponsable. Es una de las primeras personas que me hizo darme cuenta de qué significa querer de verdad a un amigo.
En realidad, ni tanto ni tan calvo. Es cierto que entre estudio y Street Fighter, elige la segunda, y que ocasionalmente esto lleva a que yo tenga que andar revisando trabajos grupales la madrugada anterior a la presentación, pero eso no quita que sea una de las personas más comprometidas, altruistas y amables que he conocido en mi vida. Además de un tío muy listo. Aunque pueda parecer que no.
Todas estas cosas que he contado se cruzan en cierto punto del otoño de 2015. Este individuo y yo nos conocíamos desde hacía apenas unas semanas, y ya se habían repartido todos los temas de la lista para el trabajo grupal de psicología. Y nosotros nos habíamos quedado sin. Cuando se lo dijimos, el profesor comentó que había dos temas fuera de la lista que le gustaría tocar: eco-psicología (o algo así), y psicología narrativa. Recuerdo haber pensado: «vaya mierda de temas.» Así, sin saber lo que eran. Sara quería el primero, pero yo dije que me llamaba más el otro, y Jorge me apoyó.
Efectivamente, aunque (todos menos él) fuimos leyendo los textos desde el minuto uno, no nos juntamos a organizarnos hasta el último día, y yo me quedé de madrugada a ordenar la presentación de la mañana siguiente. Y más o menos igual con el trabajo de sociología el siguiente cuatrimestre. Así que sí, un poco vago sí que es. En cuanto a lo del compromiso, en el trabajo de sociología me dejó quedarme en su casa la noche anterior para que pudiéramos trabajar los dos juntos de madrugada.
Pero lo fundamental es lo de que es muy listo.
Porque, en eso de apoyarme en la elección del trabajo, me abrió un mundo. No solo la psicología narrativa, sino toda la filosofía sobre la relación entre las historias y la vida (que en gran medida aún está por hacer). Estudiando para ese trabajo, me caló una idea que he ido cultivando poco a poco con el tiempo. La vida son historias, y no hay vuelta de hoja, no me vais a convencer de lo contrario. Y esta es de las pocas cosas en las que estoy muy muy de acuerdo con Jorge, aunque le pongamos matices distintos a cómo funciona eso.
A nivel individual, la experiencia se organiza en eventos que ocurren en el tiempo con ciertos personajes que interactúan. «Se me ha caído el móvil.» «Pues ayer la Paqui me dijo que el hijo de Maripili se casa con Antonio.» «Se me olvidó matricularme.» El propio lenguaje fuerza que sea así. Hay sustantivos, que son los personajes, y verbos, que son las acciones. Las oraciones conforman eventos, y los tiempos verbales las ordenan. Las preposiciones sirven para establecer distintas relaciones.
Aquí me estoy tirando el pisto un poquito, porque las posibilidades de uso del lenguaje van mucho más allá de lo que estoy diciendo, pero el caso es que funciona: el día a día son pequeñas historias. Y de las relaciones entre unas y otras, lo que se repite y lo que cambia, generamos nuestra lógica narrativa: tiene sentido que los móviles caigan hacia abajo. Y tiene sentido que a mí se me olvide hacer la matrícula. Así se crea el yo: qué tiene sentido decir de mí, por la historia que he vivido en la vida, el agregado de todas las pequeñas historias en las que yo era un personaje.
Y a nivel colectivo, ahí están las mitologías en todas las culturas, los relatos de las religiones, la vida de Jesucristo y todo el percal, y del lado profano las canciones populares, las nanas tradicionales, los cuentos para niños. Ahí están los historiadores, narrando el mundo, por no hablar de toda la tragedia, la comedia, la novela, el relato corto, la poesía épica, los cómics y las pinturas rupestres que se han hecho… todo son historias.
Este año incluso he leído un texto que presenta las explicaciones científicas como explicaciones narrativas. Es algo bastante loco, pero me pareció muy convincente. Seguramente porque ya estaba convencido de antes.
Esto solo son indicios, casos particulares, no hay ninguna regla universal. En vez de ser historias, podían haber sido gominolas, pero casualmente el mundo es así de narrativo. Desde que me di cuenta, siempre ando hablando de ello, o lo doy por sentado, y no querría que se olvidara cómo empezó todo esto. Por eso quería dejarlo por escrito: para mí todos esos indicios fueron piezas de un puzle, y cuando las junté, lo vi todo muy claro. La vida son historias, y no hay más vuelta de hoja, no me vais a convencer de lo contrario.

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