Hoy estaba leyendo filosofía y me he he enfadado con una cosa, os cuento.
Tengo la sensación de que he oído un montón de veces la misma idea sobre el lenguaje. Eso de que el lenguaje tiene una capacidad «descriptiva», y que por eso tú puedes medir una frase contra el mundo para ver si es verdad o no. Dicen: el enunciado «la nieve es blanca» es verdadero si, y solo si, la nieve es, de hecho, blanca. Bueno, bastante intuitivo.
Pero cuando les preguntas qué pasa entonces con la poesía, te responden que no, la poesía no significa nada. Del mundo real, quieren decir. En realidad significa imágenes, ambientes, sentimientos... Algo así. Nunca han sido muy de poesía. Es «una danza que no va a ninguna parte», dice Valéry (que sí era muy de poesía, pero que de todas formas opina lo mismo). En fin, que si tal, que si cual, que si la esencia de la poesía es lo guapa que está la rima y no lo que tenga que decir sobre el mundo real.
Esa diferencia entre lo descriptivo y lo poético me molesta. Igual que la diferencia radical entre «realidad» y «ficción». Hacedme caso un segundo, de verdad que tiene sentido. Lo de la realidad y la ficción, ¿no? La ciencia es la realidad, la biblia es como supermán. ¡No! La ciencia es un montón de letras escritas por gente con carreras, y la biblia es un montón de letras escritas por gente inspirada. Un poco como supermán, sí. Pero nada que sean letras con algún significado deja nunca de ser letras con algún significado. La realidad no se presenta un día en tu casa vestida de traje y con sombrero de copa anunciando qué textos valen y cuáles no. «Este es bueno. La verdad.» Eso
no es la realidad.
La realidad es (¡dos puntos!) todo lo que va pasando. Independientemente de que lo estudie un científico o un cura o nadie. Ahora bien, el texto del científico vale para hacer aviones, y el bíblico a lo mejor pues no. Por eso dice Penrose que la ciencia es verdad: porque
it works, b*tches. Y por eso Terry Pratchett dice que, mientras que la realidad sucede y punto, «la verdad es una cosa mucho más complicada». (Que tiene mucho que ver con lo que piensan los demás, lo que aceptamos como comunidad. Y eso es, a día de hoy, lo que «funciona».)
Siendo que los textos son textos, y el proceso colectivo de aceptar y rechazar deja una amplia gama de grises, la verdad es un asunto fangoso que tiene muchos problemas para coincidir con la realidad. Quiero decir que es muy difícil entender «exactamente lo que pasó», que es la realidad, porque a lo mejor «exactamente lo que pasó» es más complicado de lo que nosotros somos capaces de entender. Nuestra capacidad de entender, en el gran esquema de las cosas, no es precisamente muy aguda.
Lo que pasa es que a la poesía y a las descripciones les pasa igual. Me molesta que la gente no entienda las metáforas. Me molesta que la gente no entienda que «a cien cañones por banda» significa «cómo molan los piratas ojalá ser libre en el mar en vez de estar atado a esta sociedad protoindustrial rancia».Me enfada que la gente no entienda que un poema feminista no es «los sentimientos de esta muchacha, completamente subjetivos y para nada relacionados con el mundo que le rodea» sino un comentario afilado sobre la sociedad contemporánea. ¿No es evidente? Estamos hablando del mundo, Valéry, ¡del mundo! ¿No es evidente? ¡El lenguaje siempre habla del mundo!
Todo esto es mentira, claro. Bueno, no mentira. Demagogia. Los manifiestos dadá de Tzara no hablan del mundo, solo juntan muchas palabras a ver qué pasa. Pero eso, a su vez, monta su propio juego de significación donde las reglas para hablar del mundo no son las mismas que hablar literal, y a lo mejor tampoco son una metáfora simple. Pero a lo mejor en algún nivel estoy queriendo decir: «juntar palabras sin más es algo legítimo e interesante que hacer, hagámoslo». Eso es algo descriptivo que un manifiesto podría querer decir, ¿no? Aunque las palabras
per se no sean literales.
«Literales», claro. «Lo que quieren decir las letras». Esto sería una manera estupenda de diferenciar lo descriptivo de lo poético, sobre todo si la poesía no incluyera también descripciones a veces. Pero ya habíamos acordado que «lo que quieren decir las letras» es algo convencional, es la manera estándar que tienen las letras de querer decir cosas, y la poesía solo se salta más o menos libremente esa manera estándar. Que no es como si el lenguaje corriente no tuviera sarcasmo, metáforas, juegos de palabras... en los que el significado es bastante evidente, pero bueno. Aceptamos que hay una manera «básica», estándar, de querer decir cosas. Como cuando «la nieve es blanca» significa, exacta y
literalmente, que la nieve es blanca*.
La cosa es que el estándar no es significado puro que refiere directamente a la realidad en sus propios términos. La nieve es una cosa que hemos aprendido a reconocer porque en algún momento podemos hacer bolas de nieve y jugar con ellas, no porque hayamos estudiado exactamente la configuración cristalina de las moléculas de agua en ese estado para determinar que existe una diferencia constitutiva y definible entre esa configuración molecular y otras. Las palabras no funcionan así. Aprender a hablar no funciona así.
La ciencia nos ha dicho cómo es la nieve, pero no nos ha enseñado a hablar de la nieve. Creo que la razón modela los significados cotidianos como un ceramista la arcilla, pero difícilmente los crea. Así que, de alguna forma, todo el lenguaje es más o menos metafórico. Esto lo dice Nietzsche en alguna parte, pero tampoco tengo super claro dónde. Probablemente en «Sobre verdad y mentira».
Puedes decir que claro, da igual cuál sea exactamente la realidad mientras tú tengas claro
lo que quieres decir.. El significado. Lo que tú, persona humana, quieres voluntariamente decir. Con palabras. Peeero. Hay cosas como la eleción de palabras, el tono en el que se dicen, cosas de esas que hemos aprendido de los políticos y de las parejas románticas que no se están tomando la situación esn serio.
De los políticos tenemos claro que lo hacen aposta. Tienen asesores. Hay gente que estudia los efectos de unas actitudes y otras, y esa información es útil. ¿Forma eso parte de «lo que quieren decir»? Para saber eso habría que preguntarse antes: ¿qué quieren decir? Uno de los grandes misterios de la humanidad, sin duda. La respuesta corta es: nada. La larga: todos sabemos que hablan
para algo, como mover la opinión pública en alguna dirección.
Este ejemplo es muy complicado. Me arrepiento de haberme metido ahí. Además, creo que si te lees por encima la teoría de Grice puedes desmontarlo muy rápidamente. El significado
explícito es de lo que estamos hablando aquí.
Pero también debería estar claro a estas alturas que eso no significa nada. Nada más que «está a la vista de todos, yo espero de ti que lo entiendas, tú sabes que lo he dicho para que lo entiendas así». Y todo eso es muy, muy evidentemente convencional. Intenciones de presuposiciones de intenciones de presuposiciones de. Es un juego infinito, nadie está pendiente de eso cuando habla, y esto es algo que alguien le ha dicho a Grice, pero no tengo ni idea de quién.
Todo lo que presuponemos está en un pacto social de qué queremos decir con las palabras. Un pacto que hemos aprendido por prueba y error, porque malentendidos hemos tenido todos. (Un pacto que, colateralmente, hemos intentado recoger en libros muy gordos pero que, por muy gordos que sean, nunca parecen recoger la totalidad del asunto.)
Por otro lado tienes el caso de la pareja romántica. Las conversaciones sobre sentimientos son complicadas, y a veces dices cosas que no pensabas en realidad, y a veces no sabes por qué dices las cosas. Y a veces tienes muy claro que no eres una persona celosa pero tu pareja te comenta: «Oye, ¿por qué contestas tan seco cuando te hablo de X?». Y entonces haces introspección y te das cuenta.
Los sentimientos están ahí escondidos, aunque los ignores, aunque los reprimas. Y ese es solo un tipo de significado, el sentimental romántico. Pero también hay prejuicios culturales y cosas de esas que estás presuponiendo cuando hablas, como cuando vuelves a ver Friends y te das cuenta de que sin todo ese machismo interiorizado los chistes ya no son tan graciosos.
A veces, la mayoría de las veces, tus palabras quieren decir algo pero tú no te estás dando cuenta. En general tú sabes dónde está el límite entre tus intenciones conscientes y tus intenciones inconscientes, pero hay suficientes situaciones confusas como para que haya que plantearse que ojo, a lo mejor «lo que quiero decir conscientemente» no es una buena definición para el significado literal.
A no ser, claro, que estemos dispuestos a aceptar que no hay una buena definición de significado literal. Porque las
líteras no significan ellas solas, somos nosotros los que expresamos y entendemos, muy a nuestra manera.
Lo que dice Heidegger es que hay mundos enteros de significados que asoman la cabeza cada vez que hablamos. Cuando hablas del coche, estás hablando, aunque sea ligeramente, de
lo que entiendes por coche, y eso es muchas cosas. Eso es cuando lo compraste, cuando lo lavaste, cada vez que lo has arrancado. Cuando lo empotraste contra un bolardo. Cuando has oído un chiste en el que había un coche, y qué pasaba con el coche en el chiste.
Llevamos toda la vida usando las palabras, viendo cosas que relacionamos con palabras, y todo eso va dando forma al mundo del que hablamos cuando hablamos. Todo lo que queremos decir presupone esas cosas, aunque cada una tenga una mínima fracción del significado total, y aunque la gran mayoría del significado total de «coche» sea algo evidente en lo que todos estamos de acuerdo.
El asunto es que «gran proporción de algo evidente en lo que todos estamos de acuerdo» no es lo mismo que «referencia directa». La mayoría de la poesía usa palabras que quieren decir cosas, quizás cosas sobre el mundo físico y objetivo sobre el que «todos estamos de acuerdo», haciendo asociaciones entre esas partes del significado de las palabras que importan menos.
Importan menos porque son menos útiles. Son cosas que hemos aprendido a olvidar para entendernos, pero que evidentemente salen a la luz de vez en cuando, como cuando hablamos de nombres bonitos y feos, o cuando hacemos una rima sin querer y nos damos cuenta. Se me acaba de ocurrir que por ejemplo el registro --coloquial, formal, etc.-- de una palabra es una forma de decir que esa palabra tiene un significado acerca del hablante y el interlocutor, uno de esos significados más o menos secundarios.
Lo que pasa es que en el día a día necesitamos entendernos. Necesitamos hablar de lo mismo cuando hablamos del coche, al menos lo suficiente como para entender dónde lo has aparcado. Da igual si te gustan o no te gustan los coches. Pero eso no deja de estar más o menos presente ahí, con menos peso.
Lo interesante de la poesía, y no la poesía como «todo lo no referencial» sino estrictamente los poemas de los poemarios, los recitales y los slams, es que no
necesitamos entendernos. No mucho. De repente se ha cancelado la vida práctica un momento, así que ya no hay que usar la convención de significado estándar «pa' entendernos». Alguien ha apagado el interruptor de la gravedad artificial, y ya nada es tan grave, no importa. Los significados están ingrávidos flotando dentro de sus palabras, cayendo por su propio peso; esperando a que alguien venga a recogerlos por su relación con otras palabras, por sus sentimientos personales, por su sonoridad, por lo que sea.
Eres libre de tirar de interpretación estándar si no te estás enterando. En un slam no tienes mucho tiempo para pensar en qué simboliza la manzana, o si «manzana» tiene el mismo número de sílabas y patrón de acentuación que «malvada», o si esa palabra se mencionó de pasada al principio del poema. Y el poeta lo sabe. Así que tira de significados muy reconocibles, a veces muy sensoriales, a veces directamente estándar. Y la suma de todo este juego de significados, el mensaje del poema, bien podía ser algo como «las manzanas son la peor fruta». Un juicio valorativo con referencia directa al mundo físico en toda regla.
Todo esto es muy abstracto e intensito. Pero mira, se siente. Es a lo que te apuntas si quieres diferenciar la poesía del lenguaje corriente. Ya está. Por mucho que le des más vueltas, simplemente no hay una línea divisoria entre los tipos de significado en poesía y descripción. La referencia no es solo descripción.
(Y sí, te estoy mirando a ti, Frege.)
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Referencias a...
...lo de que «la nieve es blanca» es verdad si y solo si la nieve es blanca: Tarski, el texto que sale en
Teorías contemporáneas de la verdad, seguramente
«On the Concept of Truth in Formal Languages»
...Valéry: la cita la he sacado de Ricoeur,
Historia y narratividad, cap. 1, sección 3
...Grice: no me acuerdo, probablemente «Meaning» o «Logic and Conversation»
...Nietzsche: lo saqué de los póstumos (la edición esa increíble de Tecnos, creo que 2016): en concreto el prólogo de Sánchez Meca (capítulo sobre la subjetividad) y algunos fragmentos sueltos del vol. IV.
...Heidegger: es la
Rede y otros conceptos que andan por ahí entre el parágrafo 20 y el 35 de
Ser y tiempo, y super claro en el ejemplo de la cátedra que pone en
La idea de la filosofía y el problema de la concepción del mundo
...Frege: «sobre sentido y referencia»