11/15/2018

Hacer cosas raras, pt. 1

Después de muchos años de evitar atacar la cuestión, la cuestión me ha atacado a mí, presumiblemente harta de ser evitada: ¿por qué hago arte? ¿Qué sentido tiene hacer arte?

Y lo digo en el sentido más amplio: por qué ocupar tiempo haciendo esa cosa en vez de cualquier otra o ninguna en absoluto. No tienes nada más que tu tiempo; tu vida es todo lo que haces con tu tiempo. Y yo de verdad que siento decirlo, pero... cada vez que preguntaste a tu madre si de verdad había que hacer los deberes en el fondo interrogabas a Dios por el sentido de la existencia humana.

Si tu madre te decía que hay cosas que hay que hacer y punto, tú siempre podías decir que no quieres. Pero entonces llega tu madre y te pregunta: ¿y qué quieres? ¿Quieres lo que en el futuro será buena para ti, o lo que te apetece justo ahora?

¿En qué parte del tiempo tiene que estar la felicidad que te da una decisión: en el momento de hacerla, un poco después, mucho después? ¿Vale más mucha luego que poca ahora? No todos los momentos valen igual: dependiendo de cuánto falta para que llegue, un momento te importa más o menos. Y todas las valoraciones se hacen desde algún momento; no puedes salirte fuera de tu propio tiempo para juzgar. Simple y llanamente no es una opción: siempre piensas en primera persona.

Pero es aún peor: quizás quieres hacer lo que es bueno para otros, o lo que honra tus tradiciones, o algo que te da miedo no hacer, o que te parece justo, o a lo mejor se lo debías a alguien. El tema de lo que haces «para tu felicidad», por «voluntad propia», es muy enrevesado. Pensar en ello demasiado lleva al «no sé lo que quiero y no sé si lo quiero».

Sin embargo, si hay algo que hemos aprendido de Bee Movie es que según la física las abejas no deberían poder volar, pero las abejas, por supuesto, vuelan de todas maneras, porque a las abejas les da igual lo que los humanos piensen que es imposible. A la felicidad le pasa algo parecido: tomamos decisiones por voluntad propia y buscando la felicidad, sopesando placer y dolor, aunque no tengamos ni idea de cómo lo hacemos.

Al menos hay algunas reglas de ponderación que todo el mundo suele aceptar: alguien que pasa hambre no es feliz. Lo mismo con el frío, la enfermedad, las heridas... Todas son sensaciones muy corporales y muy intensas. Y a pesar de ello, nadie entiende en serio el sexo como una necesidad básica porque, a diferencia de lo que pasa con la comida, el cobijo, la salud y la integridad física, no te puedes morir de falta de sexo.

Lo interesante de las necesidades básicas es que cubrirlas no siempre tiene sentido: no vas a matar a alguien por la calle para conseguir una chaqueta. Simplemente no quieres. Pero casi siempre querrías evitar que esos problemas se alargaran: pasar hambre o frío tienen que ser excepciones. No hay nada que gane a evitar el hambre y el frío a largo plazo.

Yo vivo en un mundo en el que la vida se rige por un objetivo: evitar el hambre y el frío a largo plazo. Durante unos años estudias para trabajar, y durante los demás años trabajas para pagar comida (evitar hambre) y casa con calefacción (evitar frío). Y en eso se va la mayoría del dinero, que es la mayoría de tu tiempo, tu vida.

Por supuesto, nada de eso funcionaría viviendo a solas en el bosque; para que el trabajo se convierta en comida, casa y calefacción hay que vivir en una sociedad operativa. Por eso otra parte importante del dinero se va en evitar que te roben, ajusticiar a los ladrones, educar a los niños, mantener a los ancianos.

Quiero creer que la existencia de ancianos sanos y niños educados evita mucha hambre y frío.

El tiempo de trabajo se va en comida y cobijo sobre todo, y también en tener una sociedad operativa para asegurarlos, y en la otra cosa básica, que es evitar que te maten: la seguridad. Todo el mundo trabaja felizmente para poder pagar a alguien que evite que le maten (tanto sus vecinos como los extranjeros).

Idealmente esto podría seguir y seguir hasta dar sentido a cada decisión de las siete mil millones de vidas humanas que suceden ahora mismo: todo sería de cara a asegurar comida, cobijo, seguridad, sociedad operativa... Pero curiosamente no es así. Hay una serie de cosas que se hacen en todas partes, en todas las épocas, y que la mayoría de las veces no se hacen para suplir esas necesidades básicas. Cuidar de la familia, contar chistes, enterrar a los muertos en lugares rituales. Pintar en las paredes y rezar. Cantar.

Aunque hoy en día todos sabemos los importantísimos efectos grupales que tiene la cultura (p. ej.: recordar batallas une al grupo, el grupo asegura comida y cobijo) la verdad es que no la producimos para fortalecer al grupo. Pocas veces. Cuando alguien cuida de sus abuelos lo hace por amor o por deber, no por necesidad. Cuando alguien cuenta un chiste es por entretenimiento. Cuando alguien hace un favor no espera recibir nada a cambio.

Sabemos que Hipatia estudió las secciones cónicas, Safo escribió la Oda a Afrodita y Sócrates vaciló con profusión a sus indefensos conciudadanos, y no lo hicieron con la intención de procurarse comida y cobijo, ni de fomentar un espíritu de grupo que las asegurara, ni de protegerse físicamente contra nadie. Las personas tienen una complejísima vida intelectual y emocional que motiva sus acciones más allá del sentido que puedan dar las necesidades básicas.

(Nota: es muy basto decir que son conductas humanas frente a conductas animales: los animales practican muchas de esas «conductas humanas», y los humanos, «conductas animales», aunque en ambos casos con menos habilidad.)

Si no las sentimos como importantísimas tareas que necesitamos para sobrevivir, ¿qué nos empuja a estos comportamientos? ¿Por qué queremos hacer estas cosas, cómo nos hacen felices? En el hambre, el frío y el dolor, sabemos que son impulsos que llevan a uno a comer, cobijarse y protegerse, y se caracterizan porque son sensaciones muy corporales, desagradables, recurrentes, perentorias y sugerentes de muerte si se las desatiende.

Con el resto de acciones sucede parecido; aunque son muy diversos y mucho menos corporales y desagradables, hay muchos impulsos que nos empujan: la soledad nos empuja a socializar, el amor a cuidar, el aburrimiento a entretenernos, la curiosidad a saber, la tristeza a penar, la admiración a adorar, la inspiración a expresar, el olvido a recordar y el recuerdo a relatar; la inconformidad a proyectar, y la proyección a predicar. Por supuesto, con el tiempo (personal y cultural), determinadas respuestas van cristalizando en formas concretas: ir con amigos al cine, regalar en navidad, contar chistes, investigar empíricamente, hacer luto, rezar, escribir poesía, contar anécdotas alrededor del fuego, proclamar utopías en manifestaciones...

Supongo que, como experiencias básicas, todas las acciones encajan en el esquema impulso-respuesta. Quizás ese sea el sentido de las acciones, dar respuesta a emociones.

Sin embargo, todavía no me atrevo a decir que investigamos para saciar la curiosidad de la misma manera que comemos para saciar el hambre.

9/10/2018

Qué pasa con las cosas - Prólogo

El ilustre biólogo Juan Ignacio Pérez me dijo una vez que, de todas las especies que ha estudiado, sin duda la que más le irrita es el filósofo, que se esfuerza en que nadie le entienda. A efectos de no incluirme en el conjunto de gente que irrita a este buen señor, he decidido publicar una serie de entradas (de las que con suerte terminaré esta y el título de la siguiente) para aclarar mis ideas poniendo el máximo esfuerzo en que mi prosa sea más digestiva que el libro medio de Kant, y al menos seiscientas veces más interactiva. Para ello ruego se hagan preguntas y peticiones de temas en los comentarios. Pero antes de todo eso hay que empezar por el principio:

Hay que ser filósofo moderno. Medieval ya no se puede ser, y posmoderno es preferible no ser.

He descubierto que en filosofía no creer en nada es muy contraproducente, y creer demasiado se me hace antinatural. Por eso la posmodernidad no me atrae, pero el medievo todavía menos. La devoción religiosa medieval es divertida de leer, pero no de vivir, y la desilusión posmoderna es muy poco entusiasmante. Así que estoy intentado encontrar hueco en los cinco siglos intermedios.

No quiero que se me entienda mal: no no quiero ser decimonónico. Me gusta mi wifi, mi funda nórdica y mi transporte público. Vivo en la era en la que vivo, pero puestos a escribir, prefiero hacerlo con un poco de pasión. No con gran devoción ni por ausencia de alternativas entretenidas; tu motivación debe ser tuya y no divina, pero debe llevarte a algún sitio nuevo. En mi caso, ese punto se alcanza intentando desarrollar una filosofía a modo de proyecto personal. La filosofía buena es la de ese momento histórico en el que a uno le empieza a importar su persona más allá de dios, pero todavía tiene ilusión por hacer una filosofía sólida y con amplitud de miras, y no solo por encontrar un meme que aún no haya visto.

Mi proyecto personal es tener razón y que se me reconozca. Si esto pudiera servir para resolver los problemas del mundo por el camino, tanto mejor. Con el paso del tiempo se me ha hecho saber que ninguna de esas tres cosas le pasa nunca a nadie. En concreto, tener razón, así en abstracto, es muy complicado, y como poco hay que circunscribirse a un ámbito concreto. Yo he fabricado mi ámbito a partir del menú disponible de proyectos filosóficos modernos llevados a cabo aproximadamente entre el 1500 y el 1900.

La filosofía moderna ha tratado temas muy variados, pero se distinguen enfoques parecidos. Dicho mal y pronto, muchos autores perfilan una idea de sujeto para atacar sus problemas desde ahí. Ejemplo: la filosofía política de Hobbes, Rousseau o Locke parte de su concepción del sujeto político, y no de la polis, como podría pasar con Platón o Aristóteles.

La línea que más trabajo yo trata de explicar el conocimiento, pero entendiendo que eso es algo que hacemos como sujetos, y no algo facilitado por la estructura racional de los objetos, en el mundo de las ideas o en la mente de dios y cosas de esas. Si tengo que reducir el tema en el que quiero tener razón, me quedo con lo de describir a palo seco cómo el sujeto ve el objeto, esto es, cómo funciona el ver.

Los intentos más famosos son los de Descartes, Hume, Kant y Hegel (y otros veinte o treinta interlocutores intermedios: Spinoza, Leibniz, Berkeley, Locke, Wolff, Fichte, Schelling...). Esa gente escribió de todo, pero todos escribieron al menos una obra importante sobre cómo las personas conocemos el mundo.

Cada autor de esa lista tiene una pedrada importante. Es decir, una forma de comprender el sujeto y la cognición que es imposible pillar en primera lectura y que después de entenderlo por primera vez te deja el cerebro como un jersey recién salido de la lavadora: temporalmente inútil y absolutamente dado la vuelta. Extrañamente renovado y con las costuras por fuera.

Sí, este es el efecto que me gustaría provocar en todo el mundo que en un futuro reconozca que tengo razón.

Más en concreto, mis autores de cabecera en el ámbito de voltear cerebros son los fundadores de la fenomenología: Edmund Husserl, que escribió a finales del siglo XIX y principios del XX, y su discípulo Heidegger, que escribió a principios y mediados del siglo XX.

Estos son los autores que más le han dado la vuelta a mi jersey, y todo lo miro echando mano de ellos, así que voy a hacer mi resumen estándar de la fenomenología: pongamos que ves una pizza. ¿Bien? Pues no hay tú, no hay pizza: hay ver pizza. ¿Mande? Repito. Sucede que ves la pizza, y ahí podemos estar más o menos de acuerdo, pero no estamos seguros de si sucede que existes tú, o si sucede que existe la pizza, y toda la historia de la filosofía da fe de que no estamos seguros, pero no importa porque nos vale con esa formulación: sucede que se ve la pizza.

Es como una pantalla de televisión encendida a las cuatro de la tarde: podemos estar seguros de que ahí está Jordi Hurtado haciendo sus cosas, pero nadie sabe si Jordi Hurtado está realmente tras la tele, o si hay alguien viendo la tele. A efectos prácticos, da igual, no te vas a enterar de nada porque estás durmiendo la siesta. Y si lo que quieres de verdad es enterarte, te daría igual saber si Jordi Hurtado existe o si realmente tú estás mirando; lo importante para enterarse pasa en la pantalla.

La pantalla es la experiencia, y tiene un contenido, que es saber y ganar. Ver pizza tiene un contenido, que es pizza. Ver, saber o creer son acciones especiales porque tienen contenido; estas acciones con contenido se llaman actos intencionales. Pues bien, si tenemos que explicar qué hay en el mundo o qué es saber, el fundamento de todo eso es la experiencia, que toma forma de saber y de mundo.

Esto deja muy fuera la idea de "yo". Uno está acostumbrado a pensar que es él quien ve y cree, pero mientras ves pizza, solo tienes presente que estás viendo pizza, y no el hecho de que eres tú el que la ve. Solo te das cuenta de que eres tú el que ve la pizza cuando lo piensas, y cuando lo piensas, no tienes presente que eres tú el que está teniendo ese pensamiento, y así hasta el infinito. Siempre hay una experiencia intencional entre medias; saber que tú eres tú no es que tú existas, es /saber/ que tú existes. Tú, la pizza, el mundo entero, suceden dentro de la experiencia. ¡Tachán! ¡El sujeto no existe!

No es tan duro como parece; toda tu experiencia sigue siendo válida si estás de acuerdo en aceptar que es experiencia. Todo sigue funcionando como siempre ha funcionado, solo que, como filósofos modernos honestos, tenemos que decir que todo esto es así "bajo el punto de vista del sujeto". Lo que pasa hoy es que, en vez de ser el sujeto el que da lugar a su punto de vista, es el punto de vista el que da lugar a su sujeto.

Evidentemente toda esta paja mental tuvo serios problemas a la hora de explicar no ya la estructura del universo, sino literalmente cualquier cosa. Sin embargo, somos filósofos modernos, ¿no? Medimos las cosas según el punto de vista del sujeto, y si esto significa quedarse con el punto de vista y tirar a la basura el sujeto, así sea. Aceptar que solo a través de la experiencia tengo acceso a cualquier cosa es lo único que me parece honesto a estas alturas.

Esto, como se puede sospechar, me deja con unas perspectivas muy negras. Yo he asumido que va a ser muy difícil tener razón en nada por este camino, y no digo ya que me lo reconozcan, pero tengo claro cómo quiero parchear los agujeros que percibo en la filosofía de estos señores (pista, son incomprensibles) y pasan por limitar las pretensiones de rigor de mi proyecto (y hacerlo comprensible). Sobre estas dos guías, creo que hay opciones de sacar algo adelante. Probablemente lo que salga de aquí no sea la teoría filosófica que nos sacará de la crisis, pero ya tengo trazadas las relaciones con las ciencias naturales, el arte, la teoría literaria y la historia, y si me fuerzo, incluso un poco de política.

Si alguien tiene alguna opinión sobre esta entrada o alguna sugerencia de por dónde seguir o qué repasar, mi opinión y sugerencia es que escriba un comentario en este blog, y responderé rápidamente. Y con esto lo dejamos hasta la entrada que viene.

5/06/2018

No-propósitios de no-Año Nuevo


¿No pasa que cuando hay exámenes parece que se acerca el 31 de diciembre o algo así? A mí me pasa. Al menos ahora me pasa; me siento como si algo importante se fuera a acabar. Creo que algo importante se va a acabar en los próximos meses.

El 31 de diciembre de este año yo no tenía nada que decir, y no dije nada, casi nada. No es una fecha de fin de nada; si me preguntas a mí, está muy mal puesta, esa fecha. El 31 de diciembre debería caer en 1 de junio, de julio o de septiembre, y yo lo aceptaría.

Es complicado pensar en qué significa para mí el último falso año. Falso, pero que en realidad es verdadero, solo que el 31 de diciembre está mal puesto. Los últimos doce meses, en cualquier caso, medidos con más o menos laxitud. Abarcando quince o veinte quizás, o a lo mejor solo diez. Es verdaderamente complicado; no sé por dónde empezar a pensarlo.

Mi hermana y yo no sabíamos por dónde empezar a pensar un proyecto así que empezamos con imágenes. Supongo que puedo empezar por imágenes.

He tenido imágenes favoritas esta semana; eso es algo reseñable. Jorge y yo discutiendo sobre las diferencias entre ecologistas y animalistas dibujando con rotuladores de pizarra en la ventana es una. La otra es la de anoche de madrugada, cuando estaba sentado en la cama con la espalda en la pared, acariciando a mi prima acurrucada y medio dormida a mi lado derecho y ayudando a resolver el buscaminas modo intermedio a mi primo sentado a mano izquierda.

Creo que son reflejos de las dos cosas que me parecen más importantes ahora mismo en mi vida, para mí personalmente. Mi familia y Jorge. O mi familia vieja y mi familia nueva.

Conozco a Jorge desde hace dos años y medio. Para entendernos, ha sido mi colega de la uni, y yo el suyo. En estos dos años y medio, que son los tres cursos de universidad que llevo, han pasado muchas cosas de distinta índole, mejores y peores, y varias de ellas muy importantes. De las importantes, Jorge ha presenciado la mayoría y las demás las conoce de oídas. Muchos años en adelante los bardos cantarán nuestras gestas y serán aplaudidas.

Los bardos seremos nosotros.

Seguramente tendremos barriga.

No tengo proyectos importantes, ni de teatro ni de música ni de nada, ni si quiera el musical de inglés, que me salvaba la vida cada junio. Las cosas que sí que hago no me las acabo de creer. Deformación profesional, supongo. Yo era una persona muy universalista e ilusionada cuando entré a la carrera; ahora resulta que nadie se espera ya que ningún discurso filosófico pueda ser verdadero y aceptado, y conforme eso empieza a calar, lo de dedicar varias horas diarias a estudiar filosofía se va haciendo más y más alienante.

Produzco canciones con mi ordenador, me junto de vez en cuando con algún amigo a tocar la guitarra, y escribo poemitas ocasionalmente. Está muy bien, lo disfruto, pero nada parece llevar a ningún lado. No consigo hacer una maqueta ni un poemario, ni ponerme a escribir narrativa, para el caso. Voy mensualmente al Poetry Slam Madrid, y eso lo disfruto mucho, aunque casi más como espectador y miembro de la comunidad que como participante.

He vivido una historia muy dura y la he dejado atrás después de un par de años agridulces. He dejado atrás también a personas muy importantes en mi vida, que es algo que me está costando asumir, y ahora tengo otras personas importantes a las que también tendré que dejar atrás cuando me vaya a Zaragoza el año que viene, si es que eso acaba pasando.

Mi grupo de amigos de la uni ya no me emociona porque ya he visto a las personas de cerca y he perdido el interés (y en quien tengo interés no tiene tiempo para mí). No hay refugio de eso en Elena; aunque nos vemos bastante, noto la relación bastante vacía. Miguel está fuera y tampoco somos tan cercanos, a pesar de todo lo que lo quiero.

Lo que es peor, no tengo ningún ánimo para hacer el esfuerzo de conocer a gente nueva, que no me haría mal. Suficiente tengo con enfrentarme a los impulsos de buscar constantemente la aceptación de mis amigos cuando se supone que ya la tengo como para meterme en jardines nuevos y todavía más inseguros.

He perdido toda mi ambición política; no estoy en ningún colectivo y solo voy a manifestaciones cuando me lo piden. Y no tengo ninguna impresión de que eso vaya a cambiar pronto. Estuve bastante tiempo leyendo el Twitter feminista, reuniéndome en asambleas, yendo a charlas… ¿y qué queda de todo eso? Nada, salvo la conciencia crítica, y eso está bien, pero tiene sus problemas.

Me he fijado recientemente en que en mis relaciones afectivas no desarrollo un afecto asentado y comprometido y mi pareja sí, y en mis rollos la otra persona siempre tiene más intenciones. Me da la sensación de que soy incapaz de comprometerme con nada y simplemente busco consumir algo que ofrece la otra persona, por lo general algo más físico que emocional. Esto me trae un sentimiento de culpa importante porque me parece que está bastante feo, pero no sé muy bien en qué dirección moverme al respecto.

Esto tiene un patrón aún más general: busco constantemente aceptación y cariño a mi alrededor, pero no trato bien a la gente de la que siento que los recibo. En mis relaciones afectivas y rollos me agobio y me alejo torpemente y haciendo daño. En mi familia soy todavía peor porque ni puedo ni quiero alejarme, así que se convierte en una cuestión de hábito, que es aún más peligroso. Reconozco que no trato bien a mi hermano pequeño, y tampoco trato todo lo bien que debería a mis hospitalarios abuelos.

Supongo que me siento algo culpable, bastante solo y sin sensación de propósito, y lo que es peor, muy cansado como para cambiar ninguna de estas circunstancias. No es ya que la fe mueva montañas, sino que las montañas solo se mueven con fe, y últimamente no creo en nada. Ni en causas artísticas, ni políticas, ni intelectuales; ni si quiera personales.

Para rellenar el vacío que han producido estas crisis de fe sucesivas, he ido recurriendo a lugares más modestos, más cercanos, menos arriesgados. Más conservadores. He apostado por intentar cuidar mi salud y trabajar mis relaciones familiares. Hacer más deporte, con disciplina; cuidarme más y hacer menos locuras de esas de trasnochar y tomarme tarrinas de helado enteras yo solo. Ir a ver más a mis padres y mi hermano, mis tíos, mis primos. Llamar más por teléfono, pensar en cumpleaños y en regalos de Navidad.

He organizado mejor mi tiempo de ocio. Escucho música más variada que nunca, y eso me alegra porque es algo que siempre he querido hacer. Veo algunas series y soy fan de varias sagas de películas, y he vuelto a empezar a leer, y a buen ritmo. Eso también era algo pendiente. También lo era retirarme de las redes sociales; prácticamente no entro en Twitter y no toco Facebook por principios. Instagram se me resiste, pero al menos trato de subir contenido interesante.

Juego al buscaminas en el metro.

En pocas palabras, creo que me estoy convirtiendo en un cobarde conformista, un individuo pasivo completamente corriente, otro consumidor que no estorba. Esto me apena y me preocupa mucho porque es como si un montón de especies se acabaran de extinguir a la vez bajo mi esternón, como si muchísimos lanzallamas se acabaran de quedar sin combustible en mi cabeza.

Supongo que la pérdida de la pasión viene con lo de entrar en la edad adulta. Y lo peor es que según la mitad de mí se aterroriza, la otra mitad no tiene ningún problema.

Teatro

[Entrada publicada en Facebook el 18 de septiembre de 2017]

Hace cinco años desde que actué por primera vez. Tenía tres frases y no me las aprendí hasta la hora anterior a la representación (para disgusto de David, que las repasó conmigo).

Desde entonces he trabajado con siete directores y directoras en cuatro grupos distintos (Learn and Teach Pamplona, Taller De Teatro Plaza de la Cruz, Aranetxea Casa de Juventud y Velum). He sido marine, anunciador, Lisandro, hijo del embajador, maletero japonés, obrero italiano, anciano, transeúnte y vendedor de loros.

He conocido a los más de mis mejores amigos en teatro, y a los menos los acabé metiendo después. He ensayado el viernes de cinco menos cuarto a ocho, nueve o diez, el sábado por la mañana, el domingo por la mañana; he montado escenarios de dos pisos de metal y decorados de cajas de cartón.

He sido protagonista y secundario--sobre todo secundario. He repetido y he repetido, probado, fallado. Escuchado críticas, cambiado. Mantenido. He mejorado. He estrenado. He memorizado y he improvisado.

He seguido el manual: Vocaliza! Volumen! Proyecta, la vieja del fondo se tiene que enterar! Repasa texto, apréndetelo. El texto picado, pero no corras, disfruta del texto. No pises la frase del anterior. Nunca des la espalda al público; muévete con propósito, con intención! Atento al pie. Entra rápido a escena. NO TOQUES EL TELÓN. No te distraigas, mantente en el personaje aunque no estés hablando. No te relajes. Deja el atrezzo en su sitio y no toques el de los demás. Deja la ropa en su sitio y no toques la de los demás.

Y si te sobra tiempo, a repasar texto.

Pero también he tenido que romper las reglas. Decir una frase de otro que se le había olvidado, sujetar un escenario que se tambalea. Volver atrás a por atrezzo olvidado. Inventar excusas. Sacar a alguien que olvidó salir a escena. Inventar más excusas. Repetir el pie. Adaptarse a los inventos de texto. Aunque no todo ha sido salvar a otros; yo he olvidado y cambiado texto, saltado escenas, repetido frases, salido tarde a escena, dejado atrezzo atrás... pero siempre salvado por lxs compañerxs.

Casi siempre.

He cenado pizza en el escenario, me he cambiado delante de extraños, he bailado sobre taburetes, he bebido, he sujetado conejos y limpiado mosto. He firmado carteles, barrido confeti, besado compañerxs, chupado patatas y metido más morcillas de lo razonable. He saludado en obras que no eran mías, he sido técnico de luces y sonido. Me he llevado a casa atrezzo que no era mío (si alguien perdió unas mallas azules, están en mi casa).

He trabajado en equipo y trabajado solo. He sido irresponsable y pagado por mis errores. He tenido ideas brillantes. He aplaudido y abucheado y callado. Me he reído, he llorado. Más que nada, he contado anécdotas para tumbar a un elefante.

Y todo esto en cinco años, nada más.

Pero lo más importante es que no se ha acabado: este año sigue.

Recuerdos a lxs de antes, gracias a lxs de siempre, un saludo a lxs nuevos: nos vemos en las tablas.

2/26/2018

Otro blog nuevo

Últimamente tengo la sensación de que se me olvidan los libros que leo, las películas que veo, los discos que escucho. Igual para que no se me olviden es buena idea ir escribiendo mi opinión sobre ellos según los termino. Así practico mis habilidades de escritura y me doy visibilidad. Además, como conozco gente que también quiere opinar sobre productos de entretenimiento y practicar la escritura, puedo colaborar con ellos. A todos estos efectos he montado Una tarde con las Supernenas (https://unatardeconlassupernenas.blogspot.com.es/), y te animo a que comentes qué supernena crees que me han asignado.

Solo tengo tres estados de ánimo

Cosas que pienso cuando me dan prontos de entusiasmo:
  • Preparar la cena los lunes porque los abuelos llegan tarde y no les da tiempo, y así aprender
  • Recetas de pasta, arroces, legumbres, verduras
  • Y repostería (sorry not sorry)
  • Hacer una rutina de escuchar música
  • Y una lista de discos para escuchar
  • Con un cupo mínimo de discos actuales para estar en onda
  • Y seleccionar estilos concretos para entenderlos mejor
  • Preparar regalos de navidad para todos mis primos
  • Preparar regalos de cumpleaños para todos mis primos
  • Hacer una lista de gente con la que tengo intereses comunes y proponer proyectos conjuntos
  • Hacer una lista de recitales, obras de teatro, exposiciones y conciertos para la próxima temporada
  • Correr lunes y miércoles por la noche, sábados y lunes por la mañana para ganar resistencia
  • Entrenar domingos en el parque para mejorar fuerza y elasticidad
  • Comprar libros de poesía actual para entender dónde vivo culturalmente
  • Leer todas las noches
  • Hacer una rutina de estudio
  • Seleccionar fechas para ponerlo todo al día
  • Pedir tutorías para entender mejor las cosas
  • Hacer una rutina de producir música
  • Hacer una rutina de escribir poesía/ensayo/
  • Abrir MÁS blogs para publicar todo eso
  • Buscar concursos para presentar lo que escribo
  • Hacer listas de objetivos diarias
  • Escribir una lista con toda la gente a la que quiero ver y nunca veo
  • Ordenar los miles de ficheros y cosas desordenadas que tengo en el ordenador
  • Recuperar ideas perdidas de proyectos que tengo archivados
  • Donar ropa que no uso
  • Buscar talleres de escritura para apuntarme al año siguiente
  • Montar un grupo
  • Mirar precios de viajes
Cosas que pienso cuando me dan bajones
  • No quiero salir de la cama
  • No quiero mover un músculo de verdad
  • Por qué tanta pereza hacer cualquier cosa
  • Y si no voy a clase pasa algo
  • Y si no salgo de la cama hoy pasa algo
  • Y si no hago nada hasta dentro de un mes
  • Por qué existen las responsabilidades
  • Por qué la existencia humana implica hacer cosas
  • Hice daño a gente
  • Seguramente volveré a hacer daño a gente
  • Seguramente ahora mismo sigo haceindo daño a gente
  • Hay tanto en lo que trabajar, tanto esfuerzo
  • Y estamos tan lejos de conseguir nada
  • Nada de lo que hago lleva a ningún lado
  • Pero qué haría si no
  • Por qué me digo que hay que vivir el momento mientras sigo haciendo listas
  • Me siento fatal
  • Podría hacer arte sobre ello
  • Pero ya se ha hecho infinito arte sobre eso
  • Me siento fatal
  • Seguro que es culpa de la soltería
  • Me siento fatal
  • Tampoco será para tanto si todavía como y duermo bien
  • Si la pregunta por el ser no se resuelve en la pregunta por la sustancia, el lenguaje no se corresponde estructuralmente con la realidad y por tanto nada de lo que decimos ni experimentamos tiene un sentido necesario, así que es imposible hacer filosofía honestamente
Cosas que pienso cuando estoy neutro:
  • Vamos a hacer una lista y colgarla en un blog