2/05/2021

Viñetas sin moraleja

Desde que dibujo viñetas para Instagram, me preocupa dejarme llevar por los likes. Porque, quieras que no, siempre cambias las cosas un poquito para que se entiendan mejor. Y eso no es malo. Pero si no vigilas, al final acabas cayendo en una de dos modas: o presumir, o dar pena.

Las publicaciones de Instagram siempre son de viajes, fiestas y cenas, y llevan pies de foto motivacionales para inspirar a la gente. Pero muchas veces tengo la sensación de que compartir solo lo bueno hace que la gente se sienta insegura con su propia vida.

Y viceversa, las viñetas en internet siempre son de cosas malas: mi gato no me deja trabajar, mi ex es un petardo, no consigo ser fitness... porque los pequeños vicios y miserias hacen mucha gracia.

Estas dos cosas son naturales. Podría ir haciendo lo que me salga, con tranquilidad, y si salen cosas de ese tipo, pues no pasa nada. Esa es la opción sana. Obviamente yo he escogido la otra. Consiste en estar diez minutos en la ducha pensando: ¿Y si acabo cambiando lo que me pasa totalmente solo para que quede más gracioso? ¿Qué onda con eso? ¿Cuál es exactamente el problema?

Para ese tipo de personas a las que les gusta torturarse con esas ralladas inventaron la filosofía. Hace poco me empecé Aurora, un libro de Nietzsche. Al principio (I, 3) Nietzsche dice que los valores morales son inventados. Les ponemos valor bueno o malo a las cosas como les ponemos género: decimos «el sol» y «la luna», pero los astros no son ni chico ni chica. Y las cosas no son buenas ni malas; solo es nuestra forma de intentar entenderlas.

Esto da una serie de problemas, así que al final Nietzsche dice: mira, no tiene sentido pensar tanto en si lo que haces está bien o mal. Dale una vuelta a ver si lo estás haciendo con tu propio criterio. Al final, lo que te pasa en la vida te pasa a ti. Solo tú puedes decidir qué haces con eso, y tienes hacerte cargo de esa decisión. Nada de medias tintas y confiar en "lo que dice la gente": haz algo en lo que creas de verdad.

Esa es la actitud que quiero llevar a mis viñetas: contar algo en lo que crea de verdad.

No es tan fácil, eso de encontrar algo en lo que creas «de verdad». Lo he pensado otras veces, y creo que ahí hay algo de amor. Porque lo que te pide Nietzsche es que te comprometas con tu propia vida un poco como te comprometerías con una relación, ¿no? Estás ahí porque es importante para ti. Disfrutas de ello, y le pones esfuerzo para mantenerlo. Siempre pienso que en ese amor hay una parte de apreciar las pequeñas cosas tal y como son. La chaqueta de tu pareja, el olor de la casa de tu infancia, no sé; cosas que no son buenas ni malas, pero te gustan porque son esas cosas.

Supongo que eso se parece un poco a la nostalgia, porque tiene un cariño honesto por escenas del pasado. Pero a mí no me interesa el pasado. Lo que busco sería como... nostalgia del presente. Esta mañana me ha pasado esto. No es ni inspirador, ni patético. Pero me gusta porque es lo que me ha pasado a mí. 

Esto ya está inventado, y se llama costumbrismo. Pero a mí siempre me ha parecido un poco soso el costumbrismo, la verdad. Creo que se le puede sacar un poco más de chicha al presente: ¿por qué me importa? ¿Cómo me importa?

Imagino que esa es la pregunta de fondo para todas las personas creativas. Todo el rato hay que tomar decisiones sobre qué es lo importante y qué se queda fuera. Creo que a los artistas se les tolera más la duda. En el mundo del entretenimiento hay que traer la respuesta pensada ya de casa. Y ese es el límite de las viñetas en Instagram.

Un día me puse experimental y subí un garabato incomprensible de mi hermano. Gustó más bien poco.

Podía darme igual, pero esto son las redes sociales. Mientras dibujo soy agudamente consciente de que lo del otro día gustó más bien poco. Sé por qué: no tenía un mensaje inspirador ni una historia patética. Solo un poco patética, por el chistecito que puse debajo del garabato («Mecánica de fluidos en objetos >3mm según mi hermano, un crack»), un poco como paliativo.

Pero no lo subí porque fuera gracioso. Lo subí porque me gustan los garabatos casuales, las formas y los trazos que hace la gente sin pensar. Y me gusta registrar las cosas que hace mi hermano, porque ese día se fue de casa y no iba a ver sus dibujillos en una temporada.

Conseguí meter todo eso en una sola publicación de Instagram, a la vez que el chistecito. ¡Pero una publicación es un espacio muy pequeño! El chiste se lleva todo el interés, y ni siquiera es muy gracioso. Tampoco estoy seguro de que en una obra más grande sea más fácil; a lo mejor es como cocinar para veinte en vez de para dos.

Supongo que es cuestión de ir tanteando, avanzando por prueba y error. No es fácil, pero seguiré buscando maneras equilibrar las risas del público y el cariño costumbrista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario