Hace un momento me he pillado a mí mismo
con la guardia baja, así que no he podido impedirme autoconfesar que mi futuro
ideal sería tener un pequeño estudio casero y dedicarme a hacer discos
experimentales. Ha sido un poco angustiante porque me veo lejos y necesitaba
esa honestidad para empezar a encauzarme, así que me he puesto platónico y le
he dado a la dialéctica. Con el juego de preguntas y respuestas he elaborado un
pequeño hilo del que ir tirando para pensar en el futuro.
Empezando por el principio, yo estoy
estudiando filosofía. El trabajo se me hace algo tedioso, pero la filosofía
está muy bien, me gusta mucho y es algo que nunca podré dejar de tener en la cabeza.
Así que una cosa es segura: acabaré la carrera del tirón si me es posible. ¿Y
luego qué?
Idealmente, me montaría mi estudio y a
vivir. Sin embargo, la verdad es que hacer discos propios no da dinero, y
dinero es una cosa que hay que tener en esta vida. Como bien dice Miguel, el
dinero de la música viene de los conciertos (¿la sociedad del espectáculo?), y
no sé cómo se dan conciertos de esta movida ni si es un futuro plausible. Tengo
que mirarlo, pero aun suponiendo que no lo es, yo me muevo por estilos que no
son el ambient: podría montarme un buen show con capacidad de venta con Maksim.
Pero esto tiene un techo de beneficios por el tipo de espectáculo que sería, y
por otro lado no tendré disponible a Maksim para esto mucho tiempo (aunque se
le convence con nada). Parece más una solución a corto plazo, pero necesitaría
algo de equipo. Quizás debería pedirlo por navidades y cumpleaños.
O quizás debería pensar en una solución a
más largo plazo. Hay dos evidentes: la universidad y el instituto. No podría
ser investigador porque eso me exigiría escribir mucho y leer aún más, que son
dos cosas que no acostumbro a hacer en filosofía, y la segunda me resulta muy
costosa. Tampoco daría clases en secundaria, porque me exigiría tanto tiempo
que no podría hacer lo que realmente quiero. Por otro lado, aunque me encantan
los chavales, la filosofía y enseñar, es una profesión que requiere nervios de
acero, la autoestima muy bien puesta y la cabeza en su sitio todo el rato, que
son tres cosas que no se me dan muy bien. Someterme a la opinión de decenas de
adolescentes a diario durante años y tratar de mantener la autoridad delante de
ellos podría ser más de lo que yo puedo manejar.
Si descartamos la docencia y la
investigación, todavía quedan muchas vías «razonables» de ganarse el pan en lo
que me gusta, como la del «músico polivalente»: hay muchos trabajos que hacer
en música, pero ninguno de ellos da de comer, así que hay que saber estar a
todo. Hacer arreglos a una obra, microfonar un evento, pinchar discos, reemplazar
a un instrumentista enfermo, dar unas clases… La perspectiva es aterradora. En realidad,
no, pero tampoco me atrae, y requiere mucha formación que no me interesa para
nada.
También está la magia utópica de las
fantasías juveniles. Podría llevar un negocio agradable. Una tienda de juegos
de mesa, un café de juegos de mesa,
un café de conciertos, un café con
recreativos y juegos de mesa… y conciertos los viernes. Y sofás. La
inversión de ponerlo directamente sería inabarcable, pero ya hay muchas tiendas
con un funcionamiento parecido. El problema es que el sueldo que puede venir de
un trabajo en una de esas debe de ser minúsculo, y conforme el sueldo aumenta
por la altura del puesto, se reduce el tiempo que tendría para hacer mis
movidas.
Podría mirar más posibilidades, pero creo
que el problema, en el fondo, es de valores. Con algo de suerte, al acabar la
carrera he leído suficiente como para haber aclarado bien qué quiero de la
vida, y cómo organizarla entorno a eso. Luego hablaré con consejeros y con
sabios para orientarme, y a ver qué pasa.
(PD: Es curioso cómo en cuanto dejo de escribir poesía empiezo a darle vida al blog.)

No hay comentarios:
Publicar un comentario