3/19/2019

Síndrome FOMO

(Donde trato de iniciarme en la sabiduría del refranero popular: no se puede estar en misa y repicando, porque al final no haces ni lo uno ni lo otro: el que mucho abarca poco aprieta.)

Estaba escuchando una canción que he escuchado mil veces y todavía he encontrado en ella formas muy sencillas de hacer cosas que llevaba mucho tiempo intentando hacer sin éxito.

Me he sentido muy pequeño y con mucho que aprender aún, pero he sentido que nunca alcanzaré lo que quiero de ese camino ni de ningún camino porque no sacrificaría por él el tiempo que dedico a los otros. Nunca haré la música que quiero hacer ni dibujaré como quiero dibujar. Tampoco escribiré como quiero escribir ni haré una filosofía que alcance mis expectativas.

Y mis expectativas tampoco son nada del otro mundo: hacer algo profesional ya sería para tirar cohetes. Hacer algo que mereciera que los que se dedican a esas cosas me vieran como uno más, que me sentaran a su mesa de discusión como los dioses olímpicos subían a los héroes a las estrellas, pero con menos pompa.

Claro que, por norma general, cada persona tiene una sola profesión. Por lo poco que sé de ella, la poeta Rupi Kaur podría jugar muy bien al bádminton, por ejemplo, pero nadie la miraría por ello como la miran sus lectores. Es más, Carolina Marín nunca la vería como la ve Elvira Sastre. Hay una diferencia entre ser bastante bueno y ser bueno a nivel profesional.

Presumiblemente, para alcanzar esa calidad poética Rupi Kaur renunció a ser así de buena en otras cosas. En el bádminton, por ejemplo. Se casó con un futuro y sacrificó los demás a cambio. Hace tiempo que no me siento capaz de casarme con nada; no quiero ni pensar en sacrificios. Trato de visitar todos los lugares y no paso suficiente tiempo en ninguno como para convertirlo en mi hogar. Y yo quiero un hogar.

Siempre pensé que un hospital hace mejor en mantener vivos a diez enfermos que en curar a uno y dejar morir al resto, pero... Todos estos proyectos enfermos no me llevan a ningún lado: ¿Esto quiero de mi vida? ¿Un hospital de intentos? No me siento capaz de conformarme con un solo camino, y temo que eso signifique que al final tenga que conformarme con ninguno.

Para la gente insatisfecha con su participación en este monopoly existencial hace falta una filosofía del sacrificio: no puedes vivir en diez hogares, querer a cien personas o tener mil profesiones. Hay unos cuidados que tienes que llevar a cabo para tener una amistad, para sentir que una ciudad es tu ciudad o que eres bueno en lo tuyo. Hay que implicarse en ello, dejarse afectar, pensarlo con claridad, estar dispuesto a echarle rato, dinero, esfuerzo; pero la capacidad emocional, racional, económica, temporal y física que uno tiene es limitada.

Por eso, La única manera de estar en misa y repicando es subir y bajar escaleras muy rápido, poniendo en riesgo la salud de tus rodillas. Se puede tener todo, pero no todo todo. Siempre se pierde algo. Horas de sueño, según mi experiencia personal.

Es una cuestión de humildad: no se pueden cumplir todas las expectativas, así que hay que asumir que desde el principio muchas de ellas están condenadas, y esos partidos están perdidos antes de jugarse. El orgullo me exige que no acepte la derrota, pero hay que renunciar al orgullo; hay que situar el amor propio en otra parte.

Y aquí hay que separarse de Disney y demás moralejas: el sentido de la vida no es luchar por lo que quieres; más bien pasa primero por repasar qué es eso que quieres, y entender que renunciar a tus sueños es una parte esencial de perseguir tus sueños.

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