8/03/2017

En realidad esta no es la entrada más vieja del blog

Ahora mismo paso mucha vergüenza leyendo mis escritos adolescentes, así que por  ahora se quedan en borradores, y ya veremos qué pasa. De momento esta se queda como la primera entrada del blog, y va a tratar del blog.

Viene siendo un chiste familiar aquello de que yo siempre empiezo proyectos, pero nunca los acabo. Mi primera imagen mental al respecto es que podría ser el arquitecto para poner la armazón de una gran bóveda, pero no como albañil para recubrirla de ladrillos. O, dicho de otra forma, me exijo demasiado y soy poco tenaz. «Bueno, no será para tanto.» No lo sé, dímelo tú. A lo largo de los últimos años he empezado a hacer (y dejado a medias):

  • algún cómic
  • muchas canciones
  • varios juegos de mesa
  • muchísimos dibujos
  • muchos relatos
  • unos cuantos poemarios
  • una colección de botellas
  • una colección de chapas de botella
  • una colección de postales
  • dos o tres colecciones de cromos de pokémon
  • una fuga
  • algún ensayo
  • un podcast
  • un proyecto de podcast
  • varios planes de viaje
  • algunas cartas
  • algún que otro cuadro
  • unos cuantos perfiles de Twitter
  • varios canales de YouTube
  • muchos blogs
Como se puede ver, soy un genio, soy todo un hombre del Renacimiento. Creo que no hay nada que no haya probado. Y creo que tampoco hay nada que haya terminado. Pero oye, la belleza está en el camino, ¿no? ¿Qué más da si en el fondo nunca consigues nada de lo que te propones?

Bueno, dejemos un rato la empinada pendiente del sarcasmo autocrítico y volvamos al punto. Lo del chiste familiar es por los blogs. Mi familia tiene esa particularidad de que hasta los abuelos usan Twitter. En casa empezamos pronto con los blogs, y yo siempre pensaba: «venga, va, un blog de letras de canciones», o «un blog de dibujos», o «un blog de un podcast», y así. La mayoría de ellos tenían una o dos entradas en tres meses y luego caían en el olvido.

Para ser justos, el del podcast duró mientras hubo podcast, y hay que reconocer que estuvo bastante bien mientras duró. Hubo otro de reflexiones filosóficas que fue algo más longevo, y todavía anda por ahí, en público, si no me equivoco. (Por motivos de autoestima no se publicarán aquí enlaces a nada de eso.)

El punto es que todos estos proyectos empiezan respondiendo a un impulso puntual («¡vamos a publicar este dibujo!») y luego yo trato de generalizar y hacerlo omniabarcante y perfecto. Oh, sí, un blog entero de dibujos de cuando tenía ocho años, qué maravilla. Pero esto implica unas exigencias de trabajo constante que yo nunca he podido ni querido cumplir tras el primer esfuerzo. Pierdo el interés muy rápido.

La historia de este blog en particular es muy divertida. No sé para qué lo quería, pero estuve probando todas las URLs que empezaban por «nivel» y seguían con un número hasta que encontré una disponible, «nivel15», y me hice un fondo con el Paint. Luego me curré la plantilla para que cuadrara estéticamente con el fondo, y a día de hoy lo mantengo todo. Sólo he cambiado la anchura del blog (porque se pisaba con la ilustración del fondo).

En bachillerato empecé a hacer listas de quince cosas para publicar periódicamente, como «15 razones por las que el ordenador es genial». Madre mía. Hace algo más de un año quité todo aquello y publiqué una crítica musical de un single, y evidentemente también me monté la peli de usar el blog para críticas de música, pero no he vuelto a tocarlo. Como tantas otras veces.

Y hoy, en una calurosa noche de verano, tras cinco días tirado a la bartola sin hacer nada y sin ver a nadie que no sea de mi familia, he pensado: «vamos a reanimar esto». Y, una vez más, «¿cómo haré yo para que esta mierda no se me quede a medias como siempre?» Por el momento, sin pretensiones. Ya es bastante irónico estar usando un blog, de los de la adolescencia, de blogger, con URL de blogspot, como para tener ninguna idea de glamour. Es imposible pretender nada decente de este blog si empezamos así.

Claro que, siendo yo, ya me he currado unas pretensiones nuevas: «vamos a intentar escribir todo lo que vaya pasando, a modo de diario, sin restricciones de contenido y anónimamente». Bien, un aplauso, vivan las no pretensiones. No puedo evitarlo, ¿eh? Pero en fin, qué se le va a hacer. Y si se queda a medias, que se quede, me da igual.

Lo que no voy a hacer es darle ninguna publicidad. Ninguna. Cero. Si nadie lee esto, que no lo lea nadie. Vosotros veréis. Soy un genio incomprendido.

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