8/04/2017

Por favor, no agredir al cubismo


La deformación profesional de los que estudiamos filosofía nos obliga a que, cada vez que pasamos por delante de una clínica dental, en vez de leer «odontología», leamos «ontología». Todas las veces. Todas.

En las comidas familiares se tiende a preguntar por los estudios de los pequeños. Nunca he tenido reparo en decir que estudio filosofía; son una gente muy abierta y tal. De todas las asignaturas que he tenido hasta ahora, ontología ha sido la mejor. Esto se convirtió en un problema cuando tuve que responder a «¿Ontología? ¿Qué es eso?».

Wikipedia dice que la ontología estudia «lo que hay», a lo que el padre de una amiga respondió una vez algo así como «pues hoy lo que hay es huevos. Con patatas». Así que, desde ese momento, allí ocasionalmente comen ontologías con patatas. En mi casa son menos humorosos, y quisieron entrar en detalles.

¿Y yo qué puedo decir? Lo que hay es lo que hay, y ya está. Según Parménides, «lo que es, es» (B6, v1). Parménides no hacía ontología, pero lo tenía muy claro. Esto irrita mucho a mi abuelo. No tiene mucho aprecio por las tautologías y la gente que las dice (lo que es, es; un vaso es un vaso; un plato es un plato). Así que, descartado Parménides, nos quedan otros 2500 años de respuestas a la pregunta por lo que hay. Lo que seguro que hay es un montón de lecturas sobre esos 2500 años, y a mí me ha marcado la de Alba Jiménez, que fue la que me lo contó.

El asunto, tal y como yo lo entiendo, es que parece que el mundo está partido por la mitad. Lo que hay no es simplemente lo que hay, sino que es como una moneda, tiene dos caras. Vayas al autor que vayas, siempre hay dos caras, al menos desde Platón: lo inteligible y lo sensible, la forma y la materia, el significante y el significado, la infraestructura y la superestructura, el sentido y la referencia, el Sein y el Dasein, la mente y el cuerpo, el hombre y el mundo. Parecen pares totalmente distintos, pero al final resulta que se puede trazar una línea bastante clara que une los puntos.

Por hacerse una idea, una piedra redonda es a la vez piedra y redonda. Y la piedra está bastante clara, la ves, pero el redondo lo entiendes. Yo escribo «cumpleaños feliz» con sirope en la tarta, y eso es un churrete de azúcar del malo y a la vez significado.

Cada vez que lo pienso, me parece magia.

Y en mi casa la magia no vale.

Así que toca entender por qué el mundo está partido por la mitad, si es que lo está realmente. Y de eso va la odontología. La ontología, perdón.

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